16 de diciembre de 2011

Imitación de la Vida (John M. Stahl)

Después del Crack del 29 al que no se las ingeniaba le esperaba un largo y crudo período de penurias. Si a eso le sumamos ser mujer y quedarse viuda con una pequeña a cargo, el futuro no pinta mucho mejor.
Así empieza este clásico melodrama sobre una joven que junto a su sirvienta logra crear un imperio con una deliciosa receta de tortitas. Estamos ante Imitación de la Vida (Imitation of life, 1934)

Hasta llegar a la cima, vemos como evolucionan sus vidas. Mientras Beatrice (Claudette Colbert) cría a su hija en los mejores colegios, su sirvienta, la adorable Delilah (Louise Beavers, que debería ser más recordada...) con su mentalidad y su temor por la moral racial decide educar a su hija (mulata más bien blanquecina) en escuelas de niños de color, lo que hace que la pequeña nunca se adapte y tenga constantes problemas.



En esta Imitación de la Vida (No confundir con su remake de 1959) veremos las diferencias y los abismos que hay entre ellas, como por ejemplo que Delilah siempre será la eterna sirvienta abnegada, y cómo Beatrice se convierte en una atractiva emprendedora, a quien no faltan retos tanto en lo profesional como en lo personal.






Testimonio de la mentalidad de la época y de la incipiente tensión racial en USA y tuvo el mérito de intentar (sin lograrlo) animar a una generación que atravesaba una situación  delicada que en ese momento tenían  los ánimos por los suelos. Sin destripar la película, hay que reconocer que es de visita obligada para los amantes del cine clásico. 






Con la actual Crisis encima, resulta francamente curioso comprobar las similitudes entre estos tiempos y los también críticos años 30, e Imitación de la Vida es una de esas pequeñas obras que nos aproximan a esa visión, desde un inolvidable prisma femenino.







En fin, damas y caballeros, le ponemos por puntuación seis agridulces wasabis (y nos vamos corriendo, que nos espera ni más ni  menos que una inolvidable sesión doble en el Phenomena Experiencie )






PD: Si tenéis la oportunidad: The Artist


 

6 comentarios:

Manderly dijo...

Sólo he visto el remake, que me ha gustado mucho.
La apunto.
Saludos.

Roy Bean dijo...

Oh, mis ojos, mis ojos....
En wasabilandia hablando de Stahl!!
Maravilloso clásico, Stahl tiene por ahí alguno más, para no perderse. Yo por supuesto que prefiero esta versión.
Seis wasabis sólo, jo!!

Saludos
Roy

ethan dijo...

Igual, sólo vi el remake de Sirk, pero ésta ya la tengo en la recámara. Me gusta Stahl y la Colbert así que pronto caerá.
Saludos!

Javier Simpson dijo...

La historia muchas veces es cíclica. En vez de avanzar en muchos aspectos parece que volvamos hacia atrás.
La peli aún no la he visto, pero Douglas Sirk es alguien a considerar. Me hablaron bien, como tú, de este drama. La veré, seguro, ya la tengo.

Un abrazo, Sidhe. Buena reseña y felices fiestas si no nos leemos antes.
Ciao ;-)

Teo Calderón dijo...

Curiosamente, la base argumental de este seminal melodrama sirvió para que tanto Stahl en el 34, como luego Sirk en el 59, consiguieran sus mejores obras. Ahora mismo no sabría con qué versión quedarme... tal vez con la de Sirk que resulta un poco más pulida y por contener esa secuencia memorable del funeral de la criada negra. Chica, cada vez que la veo los ojos se me humedecen aunque trate de evitarlo.
Un abrazo.

Susan lenox dijo...

¿ cÓMO PUEDE SER , NO HE VISTO ESTA VERSIÓN ????
Pero la de Douglas Sirk, me gusta mucha, aunque en la peli todos envejecen menos Lana Turner.
Un abrazo.