Llegó el momento.
Por fin tengo el inmenso honor de hablaros de Gymkata, una de las películas más descacharrantemente cutres de los 80, una de esas obras maestras de la chunguez que hacen que te enamores de ellas desde el primer hasta el último fotograma.
No cabe duda de que la combinación del patrioterismo Reaganiano con el cine de acción nos regaló en los ochenta un buen montón de películas a cual más irrisoria, pero el colmo de la ridiculez se lo lleva esta pequeña joyita mediante la que alguien intentó convertir a Kurt Thomas, un gran gimnasta olímpicio americano, en la nueva sensación del cine de explosiones y hostias.
La habilidad de la gimnasia. La destrucción del karate. Todo eso y mucho más es Gymkata.


