Valiéndose de sus propias vivencias (y con la colaboración en el guión de Roman Coppola) esta vez nos lleva a 1965, a New Peance, una pequeña isla imaginaria de Nueva Inglaterra, en la que realidad y fantasía se mezclan, creando la obra más tierna y romántica del abanderado de lo hipster y lo retro en el séptimo arte.
Abramos el telón y disfrutemos de esta obra de relaciones disfuncionales (abstenerse los que huyan de recordar la infancia y los que el oír Wes Anderson les provoque un extraño estado de locura transitoria), en la que se cuentan los tres días anteriores a las torrenciales lluvias de New Peance.

