
Quien aún no haya visto la nueva película de Balagueró y Plaza debería no seguir leyendo ni esta ni otras reseñas que hablen sobre la película.
Yo intenté por todos los medios no saber nada sobre ella, ni críticas ni sinopsis y al margen del vídeo de los sustos de los espectadores y alguna fotografía del cartel no leí nada.
Avisados estáis.
Dicho esto, aquí empieza la crítica:
La periodista y el cámara de un programa de reportajes tipo slice of life comparten una tranquila noche con el cuerpo de bomberos del Eixample.
Justo cuando dan su reportaje por perdido (no tienen nada medianamente interesante para el montaje) los bomberos reciben una llamada de unos vecinos alertados por los gritos de una anciana y deciden acompañarlos al piso para filmar la situación.
No hay nada mejor que coger un hecho cotidiano y girar la tortilla.
Y eso es lo que hace la película. Una simple llamada es el detonante de un hecho que aislará a un grupo de personajes a su suerte en un antiguo edificio céntrico de Barcelona, que acabará siendo el Infierno en al Tierra.
Narrada en tiempo real y a modo de falso documental, la película es adrenalina en estado puro, tiene un ritmo frenético y desesperado, dotado de cierto realismo por la extraña credibilidad con que se plantean los hechos durante los primeros minutos de metraje y, con esa tensión que gusta tanto a los fans del género tanto como a los que catan el terror por primera vez.
Los personajes son estereotipos puros, pero muy bien pensados y conocidos por todos. Tenemos a la típica madre choni y fan de Telecinco (ya sabéis... Aída-Aquí hay Tomate-Escenas de Matrimonio), al madero garrulo, a la periodista recién horneada y que vendería su alma por una buena exclusiva, a la familia oriental con su taller textil y las correspondientes barreras étnicas, a la pareja de ancianos que viven solos, así como a los honorables bomberos, entre otros.
Todos ellos serán testigos, junto con el espectador, de momentos atroces en los que la moral está por debajo del instinto de supervivencia, y en el que todos los momentos se convertirán situaciones límite.
La pieza clave, el elemento más importante, la cámara en mano, será la gran testigo de una de las mejores carnicerías del cine español de todas las épocas (incluso en algunos momentos, será quien salve de algún aprieto a varios personajes).
Lo mejor (aparte del argumento y el ritmo) es la supuesta falta de pretensiones y lo bien usadas que están las localizaciones.
Y lo peor quizás sea la falta de carisma de la presentadora, aunque de todas maneras no influye demasiado en el transcurso de la película.
Gracias, chicos, por darle un aire nuevo al género de los muertos vivientes, y por hacernos partícipes de una historia que siendo tan modesta acaba siendo excelente.
Senyors, si os ofrecen muchos billetitos de colores no seáis tontos y haced una segunda.
Y, cinéfilos, hay que verla en pantalla grande.